Emotiva carta de una enfermera

Hoy es un día como otro cualquiera, estoy trabajando frente al ordenador, terminando un par de cosas pendientes y cumpliendo con mi rutina diaria. Hoy es un día como otro cualquiera para mi, pero no para ti. Hoy llegas aquí, a este centro de mayores donde trabajo y vas a experimentar cambios y vivencias que serán totalmente nuevos para ti y para tu familia.

Has venido quizá para pasar aquí solo una temporada, porque una operación o una enfermedad han hecho que pases un tiempo en el hospital y tu salud aún no está completamente recuperada como para volver a casa. O puede que tus seres queridos no puedan proporcionarte todos los cuidados que necesitas y hayáis tomado la decisión de convertir este lugar en tu nuevo hogar.
No importan los motivos ahora. Acabas de llegar, miras a tu alrededor y te sientes fuera de lugar, ves multitud de personas con su uniforme (¡parecen todos iguales!), caminando de un lugar a otro, acompañando a residentes del centro, empujando sillas de ruedas o cargados de papeles y parecen todos muy atareados. Te fijas también en las personas con las que convivirás a partir de ahora, los ves sentados en un sillón mientras ven la televisión, o leyendo el periódico o hablando felizmente con sus hijos y nietos.
Poco a poco empiezas a conocer a los trabajadores de la residencia, se presentan y te hacen muchas preguntas, te enseñan el centro, tu nueva habitación, el comedor, los salones…Por fin llega “mi turno” y te doy la bienvenida. Te digo mi nombre aunque no espero que lo recuerdes al día siguiente, son muchas cosas para el primer día y además yo pasé por lo mismo cuando empecé a trabajar aquí. Más preguntas, algunas podrán parecerte extrañas pero a mi me ayudarán a conocerte para darte así la mejor atención. Te tomo la tensión y la temperatura, te peso y procuro explicarte a cada paso qué es lo que tengo que hacer y por qué, porque al fin y al cabo, ahora ésta es tu casa y yo tengo que poner mi granito de arena para que te sientas así.

Seguramente hayas oído hablar mil cosas acerca de las residencias de ancianos, centros de mayores o como quieras llamarlos, algunas buenas, otras no tanto, así que déjame que te cuente algo:

Los primeros días serán complicados, la adaptación no será fácil. Conocer a todo el personal, al resto de residentes y tener que acostumbrarte a las normas del centro, a los horarios de las comidas y de las visitas, todo muy nuevo, muy diferente, es difícil, lo sé, pero pídeme lo que necesites, porque te ayudaré. Y si no puedes no importa, poco a poco te voy conociendo mejor y pronto aprendo a reconocer cuándo algo no va bien.
Discúlpame si te tuteo. No quiero que lo interpretes como una falta de respeto. Quiero darte algo más que unos cuidados de enfermería, quiero darte mi cariño, mi amistad, la necesites o no, ser como alguien de tu familia.
Es de noche, ya estás en la cama y paso a tu habitación para darte tu medicación, te pregunto qué tal estás y comenzamos a hablar. La conversación se alarga y yo tengo informes que rellenar y muchas cosas que hacer antes de irme a casa. Pero no importa, me quedo un ratito contigo, escuchándote y acompañándote y me llevo como recompensa una sonrisa o un beso que me alegran el turno. Ya correré luego.
Se que hay cosas que no te gustan de estar aquí. Como cuando voy a hacerte una cura o un análisis y te duele, créeme, también me duele a mi, pero es necesario. O como cuando entre todos los que trabajamos aquí te imponemos, sin darnos cuenta, un ritmo de vida más acelerado de lo que estás acostumbrado o parece que no te prestamos atención. Pero es que muchas veces se nos exige demasiado. Espero que no nos lo tengas mucho en cuenta, porque lo hacemos lo mejor que podemos, de verdad.
El tiempo va pasando. Hace ya meses, puede que años, desde ese primer día. Estás agusto aquí, me doy cuenta sin necesidad de que me lo digas. El día de tu cumpleaños disfrutas con la tarta que te han preparado para merendar, con las visitas y las felicitaciones. Te gusta pasar el rato hablando con tus compañeros, amigos ya después de tanto tiempo. O yendo a alguno de los talleres que se preparan. Y te gusta ir al gimnasio porque siempre te acabas riendo de alguno de los chistes que te cuenta el fisio mientras haces tus ejercicios. Eres feliz cuando te escucho mientras me cuentas alguna de tus anécdotas y cuando te doy un abrazo porque sí, porque me sale de dentro. Y me gusta verte así.
Pero acaba llegando la hora de la despedida. Tienes que marcharte. Te vas porque ya estás recuperado y puedes volver a tu casa con tus seres queridos. Vuelves a tu vida y me alegro enormemente por ti, eso significa que ya no me necesitas. Pero puede que te vayas porque ya no puedas seguir luchando. Te he brindado no sólo mi cariño y mi atención, también mi profesionalidad y experiencia, he cuidado de tu salud durante todo este tiempo y he hecho tu vida algo mejor. Lo sabes, como sabes que este ya es el final y lo único que necesitas es que esté a tu lado cuando llegue el momento.
Sea como sea una cosa es segura. Yo nunca me olvidaré de ti
Cristina Ruiz Heras

Enfermera en Residencia de Personas Mayores. Experta en geriatría.

Los cuidados a la dependencia vista por profesionales

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2017-06-27T14:31:46+00:00